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El primer jabón tuvo por nombre "pié de
doncella", denominación que puede ser tomada al pie de la letra, pues
Homero (S. VI a.C,) cuenta como Naucasía, hija de Feacia, junto con otros
sirvientes pateaban en el agua del río la ropa sucia hasta dejarla
completamente limpia. Nunca sabremos si Naucasía añadía al agua alguna hierba
que aclarase el proceso detergente...
En
el año 600 a. C., Jeremías, uno de los profetas relevantes de Palestina de
entonces, proclama que el detergente compuesto por agua y residuos de madera y
de betarraga, era particularmente eficaz. En tiempos de Plinio el Mayor, que en
el año 79 a.C. perdió la vida bajo la lluvia de cenizas del Vesubio
¡Ironías del destino!, precisamente fue él, al que la ceniza resultara
fatal, quien recomendara como medio contra la dermatitis y para lavar los
tejidos sucios y activar los colores naturales, un producto compuesto a base de
cenizas de huesos de animales.
Las teorías de Galeno, médico romano del S.II d. C. fueron fundamentales
hasta finales de la Edad Media. Es el primero que nos facilita las primeras
noticias sobre el empleo del jabón como medio curativo, de efecto emoliente, y
para una fácil eliminación de la suciedad del cuerpo y de los vestidos. De
aquella fabricación del jabón a base de grasa, con cenizas y cal.
De los escritos del naturalista romano Plinio, se puede deducir que el jabón
ya era conocido por los antiguos germanos, que elaboraban con grasa de cabra y
ceniza quemada hasta volverse blanca.
LAS SALES
Las acreditadas "sales de ácidos grasos", eran ya conocidas por
los egipcios y por los sumerios, si bien ignoramos cuando y donde brotó de un
cerebro ingenioso la idea de hervir grasas con sosa batida de cenizas de madera
con sosa natural para preparar un producto jabonoso.
Los inicios más antiguos se pierden en un época remota. Los primeros
testimonios, los encontramos en tablas de arcilla sumerias que los
investigadores sitúan en una época alrededor del 2. 500 años a.C. En ellas se
menciona al lavado por medio de "jabones".
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Bañistas en Bikini, Mosaico de Século IV DC.
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También los egipcios elaboraron en la antigüedad una especie de
"jabón! de grasas y trona, un carbonato sodio natural impuro que
existía en el valle del Nilo así como en las riberas de los lagos
salados del desierto de Libia, por lo que sabemos ese producto jabonoso
servía, únicamente, como cosmético. |
En 1912 ya existían sales para el baño a base de preparados de ácido
carbónico y oxígeno, pero su consumo era insignificante. Hasta los años
1920-25, tanto estos jabones grasos higiénicos, agitados en frío, como los
jabones de "leche de lirios" y "améndoas amargas" tuvieron
su clientela adipta.
El surtido de materias olorosas en aquellos tiempos, tenemos que considerarlo
como muy modesto en comparación con las actuales. Se fabricaban en más de 5
toneladas y la perfumación de los jabones cocidos solo podía efectuarse con
aceites de perfumes existentes al calor y al álcali.
Ahora bien, partiendo de que las sales de sodio de los ácidos grasos
naturales superiores constituyen hasta hoy la base de nuestros jabones de
tocador, con numerosos aditivos se consiguió perfeccionar el jabón hasta
convertirlo en un auténtico producto de higiene corporal.
Mediante la incorporación de materias sobre engrasantes y de protección
cutánea así como de sustancias activas desodorantes, se obtiene actualmente,
propiedades de auténtica cosmética.
| El arte del perfumista es, finalmente, quien consigue crear un producto
con perfume capaz de gustar al usuario. |

Bañera del año 1.500 AC, Palacio de Cnosos, I. de Creta
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(Extracto del artículo periodístico premiado por
Cosmeticos La Toja, S.A. en 1984, a la periodista Mayte Suárez con motivo de la
conmemoración de su 80 Aniversario. Presidente del Jurado, el escritor
español, hoy fallecido, D. Gonzálo Torrente Ballester).
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