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PENYAGOLOSA, UN BOSQUE DE SETAS
Mis compañeros de ruta y expertos guías de montaña se empeñan en que
descubra el "bosque de setas" como se conoce a Penyagolosa.
Desde el pico se puede admirar la práctica totalidad de la provincia de
Castellón y parte de la de Teruel. Según explican, sólo llegar hasta la falda
del macizo es ya una alegría para la vista del viajero.
Nos parece una buena idea. El día es soleado e incluso hace calor por lo que
accedemos a un ese baño ecológico en este tiempo de otoño, que es también,
de setas. Para llegar hasta la falda del pico de Penyagolosa parten dos
itinerarios diferentes desde la zona de acampada. Uno es únicamente realizable
andando por un sendero mientras que el otro puede ser mixto es decir, en un
todoterreno o a pie a través de una pista forestal en buen estado.
Como todos estamos medianamente en forma, merece la pena recorrer el
itinerario por el sendero. Para ello salimos de la pista principal sin asfaltar
que habíamos abandonado para acampar. Recorremos unos trescientos metros y en
la primera de las curvas pronunciadas a la izquierda, que ya se inicia el
ascenso, dejamos la pista y proseguimos en línea recta por un sendero marcado
al principio en donde encontramos una fuente y un pequeño arroyo.
Continuamos por el cauce del arroyo hacia arriba. El sendero está bastante
pisado y se sigue con facilidad. En este recorrido nos sorprende gratamente el
hecho de que existen gran cantidad de especies arborícolas distintas, y que al
pie de ellas aparece el nombre botánico y el común del árbol en concreto.
Podemos ver, entre otros, manzanos silvestres, tejos, pinos negros, cerezos,
arces, etc. Y lo mejor de esta clase de naturaleza práctica es que el
"aula" es de una belleza extrema y el "profesor" te deja
recrearte en cada paso del camino.
En otoño tenemos además la posibilidad de encontrar abundantes clases de
hongos, algunos de ellos tan apreciados como los "robellones " o
níscalos, champiñones silvestres y la abundante "lepiota". Los
guías recuerdan siempre que " si no conoces las setas no las comas".
Una buena forma de aprender es coger una seta de cada especie y enseñársela a
alguien que las conozca. (Sociedad Española de Micología) para que nos indique
cual es o no comestible. Así, la siguiente vez que salgamos al campo podremos
reconocer alguna de ellas.
Para coger los hongos no hay que destrozar el entorno ni escarbar todas las
matas que veas. Además hay que acostumbrarse a cortar el pie de la seta con una
navajita y no arrancar la planta del suelo.
Proseguimos el camino que discurre al lado del arroyo y observamos que el
agua desaparece, en este punto forzamos la subida, siempre hacia la izquierda
del camino que estabamos recorriendo. A unos cientos de metros encontramos un
vallado pero no lo saltamos, seguimos a la izquierda hacia arriba hasta llegar a
la pista forestal. Aunque este último tramo es monte a través, no entraña
ninguna dificultad.
Realmente tengo los pies doloridos. Al fin llegamos a la pista forestal,
seguimos por ella hacia la derecha unos trescientos metros hasta una
explanada.Allí está el coche del guardabosques que hay de guardia en el pico.
Inmediatamente a nuestra izquierda vemos el estilizado pico de Penyagolosa
desafiándonos a que trepemos un poco más.
La ascensión a la cumbre por la ladera norte está llena de pinos. Pasamos
por varias masías abandonadas, la última el Mas dels Arcs y a continuación
cruzamos la carretera que asciende hacia valle donde se asienta el Monasterio.
Esta parte ya más pesada que el trayecto anterior. Es aconsejable utilizar
calzado deportivo y a ser posible botas, ya que el terreno cerca de la cumbre
está muy suelto y tanto al subir como al bajar corremos el riesgo de sufrir
torceduras en los pies.
Tomamos una carretera asfaltada para pasar por una zona de recreo, que están
ampliando, con barbacoas, fuentes, bancos etc. todo para que los visitantes se
diviertan al lado del coche. ¡Pobre bosque de pinos, que poca vida le queda!
Comienza a oscurecer cuando llegamos al Monasterio de San Joan de
Panyagolosa. Lo forman una serie de construcciones, alrededor de una plaza y un
antiguo olmo. Aquí reponemos fuerzas ya que es un albergue. Nos animan a la
ascensión puesto que está bastante marcada por ser un terreno muy pisado.
Desde la falda y dependiendo del ritmo se puede tardar entre 30 y 60 minutos en
coronar la cumbre. Nosotros, en poco menos de 50 minutos La vista panorámica es
de indescriptible belleza. La altitud de 1.814 metros levanta un viento racheado
y frío que parece arrastrarnos al abismo. En la cumbre encontramos la caseta
del guardabosques. En ella por la parte de fuera, hay un cartel con las
preguntas que pueden formular. Solo tengo palabras de gratitud hacia mis
compañeros de ruta por la oportunidad de gozar de este espectáculo, de vivir
la plena Naturaleza.
El Mar Mediterráneo y el Castillo de Peñíscola
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