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| RUTAS
SALUDABLES
Por MAYTE SUAREZ SANTOS
Periodista especializada en Medicina y Termalismo
Editora de la Revista electrónica TermasWorld.com |
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Sus casas cuelgan de imponentes riscos, su historia
cuenta leyendas árabes y su situación hace de esta zona de Castellón, una
ruta interminable. Un viaje por el Maestrazgo es disfrutar de un auténtico
"revival" de turismo rural en sinergia con el turismo de salud.
Descubrir la esencia del ecologismo sin renunciar a una "remise en
forme" en unas termas bañadas por el Mediterráneo. Vivencias inolvidables
descubriendo pueblos medievales, manantiales y fuentes de agua mineromedicinal
con sabor milenario y arte rupestre declarado Patrimonio de la Humanidad. Es
gozar de la Naturaleza a través de un sugestivo itinerario que nos llevará de
la sierra al mar
Adentrarse en la comarca del Maestrazgo en la provincia de Castellon
que se extiende hasta el mar, es siempre una aventura para el viajero, y
nosotros queremos vivir esa experiencia. Estas tierras son únicas por todo lo
que atesoran, sus antiguas mansiones blasonadas, monumentos cargados de
historia, las obras de arte que conservan en sus museos municipales y
eclesiásticos, la buena mesa, manantiales y un Balneario de prestigio milenario
y especialmente la hidalguía de sus gentes que se manifiesta en su generosa
hospitalidad.
El Alto Maestrazgo,
la zona interior montañosa, es, por sus escasas vías de acceso, poco conocida,
aunque en los últimos años el turismo rural ha despuntado con fuerza, frenando
una despoblación importante. Albocácer,
una villa de 1.374 habitantes, a 53 Km de Castellón, es la primera población
de nuestro itinerario. Situada sobre un suave cerro a 550 m de altitud, se
asienta dulcemente en la falda de una colina rodeada de almendros y olivos.
En la parte alta del núcleo urbano aparcamos el "todoterreno" y
caminamos hacia la Plaza Mayor presidida por el Ayuntamiento y la Iglesia
Parroquial. En la disposición de su trazado se distingue la estructura
medieval. Su topografía es fácil, con calles anchas y rectas que suben o
desfilan paralelas a la plaza en donde se alza un esbelto y bello campanario. Es
rica en historia. Su nombre corresponde al rey moro que gobernaba la vieja
alquería. Al pasear por sus calles reencontramos esas esencias.
Sus gentes son sencillas y de carácter abierto, amantes de sus tradiciones y
culturas, prueba de ello son las numerosas fiestas populares que se desarrollan
a lo largo del año. Un ciclo festivo que comienza en Enero con la Festa de Sant
Antoni, con la tradicional hoguera monumental y la procesión, continua en
primavera con la romería a San Miquel, el segundo domingo de mayo y las fiestas
patronales de agosto en honor de la Virgen de la Asunción.
La Villa estuvo dominada por los árabes durante muchos años, y fue el rey
Jaime I, en 1237, quien la restituyó al dominio cristiano. En 1292 fue
entregada a los templarios, que dejaron aquí su impronta. Nos adentramos por
sus calles irregulares, repletas de balcones con persianas de anea, hasta
encontrar el palacio construido por la familia Fuster en el s. XVIII. Del
castillo templario tan solo restan unas interesantes ruinas con lienzos de
muralla y alguna que otra torre.
A unos tres kilómetros del núcleo de población encontramos el Ermitori
Hospedería de Sant Pau ( s. XV-XVIII) Aquí hacemos un alto para contemplar
este conjunto de edificios compuesto por un cuerpo central formado por la
Iglesia y la casa hospedería y Declarado Monumento Histórico Artístico
Nacional. También nos maravilla observar una gigantesca hiedra en el arco de
acceso a la plaza del Ermitorio y que constituye un monumento natural único en
la provincia de Castellón.
Vamos ligeros de equipaje ya que nos esperan varios amigos ruteros en
diversos puntos de acampada. Este itinerario está diseñado para darnos un
baño de cultura y otro a orillas del Mediterráneo, donde la brisa huele a mar.
Aunque para llegar a ese descanso marino, antes descubriremos el encanto rural
que tienen los pueblos de montaña, saboreando el placer de vivir en un medio
ambiente donde el tiempo es cómplice de una vida sin agobios, caminando sin
correr, con ritmo pero sin acelerar.
Albocácer fue elevada a categoría de Villa durante el dominio de Artal de
Alagón ( 1275-1293) pero sin duda su principal referente histórico se halla en
el Barranco de la Valltorta. Y hacia allí nos dirigimos circulando por una
carretera tortuosa donde se localiza un impresionante yacimiento de pinturas
rupestres. En tiempos de la prehistoria estuvo ocupado por abundantes bosques y
numerosos cursos de agua, que abrieron caminos naturales por barrancos en la
actualidad secos.
Según nos aproximamos al Museo, evocamos el recuerdo de Alberto Roda, vecino
de la zona y quien descubrió en el año 1917 este conjunto artístico único en
el mundo, toda una fortaleza cultural prehistórica que se esconde en los
abrigos del Barranco. Localizados a una considerable altura en las paredes de un
valle, realmente su ubicación resulta inverosímil, y nos preguntamos cómo
accedían sus moradores a estas viviendas prehistóricas. Tal vez, la respuesta
la encontremos en las modificaciones geológicas de este territorio y también a
razones de tipo defensivo.
Mientras el arte paleolítico representa casi exclusivamente animales
aislados - y pocas veces escenas- el arte levantino compone sus escenas de caza
y de animales, de arqueros y figuras femeninas que impactan por su sentido de
movilidad y su impresionismo. Además, en Valltorta aparece el hombre como tema
frecuente y de importancia central. En la cueva de los caballos puede verse
perfectamente. Pese los muchos estudios realizados por los principales
especialistas, no se ha podido establecer de una manera segura la cronología
del arte.
Compartimos los restos de una cultura milenaria con personas de diversas
nacionalidades que coinciden visitando este santuario rupestre. Somos miradas
curiosas ante una iconografía que habla ya de una ordenación preconcebida de
especies y signos proyectados sobre muros que resisten el paso de los siglos.
Alrededor de 900 figuras distribuidas en 21 abrigos rocosos y cuevas, situadas a
lo largo de los 7 Km del tortuoso valle, ubicado en la población de Tírig.
En las inmediaciones del Barranco se encuentra el Museo de la Valltorta,
donde se pretende reconstruir el apasionante pasado prehistórico de las tierras
del Alto Maestrazgo. Curiosamente, mientras en el exterior retrocedes a la
prehistoria en el interior de este edificio de diseño futurista, se exhibe una
maqueta interactiva que permite localizar los puntos de interés de los diversos
yacimientos arqueológicos, las masías, las zonas rurales y otros detalles de
la zona.
Lo más llamativo del Museo es una reproducción a tamaño natural de la Cova
dels Cavalls, descubierta en 1917 y declarada Monumento Histórico Artístico en
1924. En la escena, un grupo de arqueros dispara sus flechas contra una manada
de ciervos, integrada por un ejemplar adulto, otro joven, cinco ciervas y dos
cervatillos. Las pinturas de Valerosa, exponente más perfecto del Arte Rupestre
Levantando, fueron declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
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